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Se define a un ser vivo como un organismo de alta complejidad que nace, crece, se reproduce y muere. Evidentemente en todo este proceso interviene la nutrición, la metabolización del agua y alimentos consumidos, la respiración, un sistema de riego sanguíneo y un sistema nervioso. Estos principios vitales han sido diseñados por la Vida para mantener un intercambio continuo con el entorno.

Los Seres Humanos somos seres vivos, pero además reconocemos que tenemos conciencia. ¿Puede ser esta cualidad la más importante para la supervivencia del individuo? ¿Qué pasaría si una persona que tiene un corazón saludable, respira bien, está bien nutrida y bien cobijada en una ambiente confortable, se muere? ¿No estaríamos reconociendo que una vez que las necesidades básicas están atendidas, existen otras de importancia vital superior, a las que normalmente no le prestamos atención?

Veamos algunos descubrimientos científicos que apuntan en esta dirección.
Al término de la Segunda Guerra Mundial muchos héroes de guerra, fallecidos en el campo de batalla, habían dejado huérfanos a sus hijos. La población y los gobiernos se volcaron en construir los mejores orfanatos, los más limpios y asépticos, dotados de los mejores medios médicos de la época. El personal era altamente cualificado, la alimentación de la leche infantil era la más equilibrada, sana y nutritiva de aquellos años. Todo aquel esfuerzo era una forma de compensar el sacrificio de los que habían luchado defendiendo su patria.

A los pocos meses del funcionamiento de esos orfanatos de lujo, siguiendo los sofisticados controles rutinarios, se comprobó que fallecían muchos más bebes en estos orfanatos en comparación con los orfanatos más normales y corrientes. ¿Cómo era posible que los bebés mejor cuidados, mejor alimentados, mejor supervisados médicamente, criados en la más pulcra asepsia fallecieran con más facilidad, que los criados en orfanatos donde no se alcanzaba este alto grado de cuidado profesional?.

Se analizó que pasaba en los orfanatos de instituciones de caridad, en los que unas veces faltaba la leche, otras el baño, en otros se descuidaba la limpieza como consecuencia de un personal desbordado de trabajo, además de que la calefacción en invierno no siempre funcionaba. Evidentemente estas deficiencias se descartaron como causa de una mayor supervivencia. Pero lo que si llamó la atención a los investigadores fue reconocer que las cuidadoras de los orfanatos pobres, eran personas menos inhibidas afectivamente que las rígidas enfermeras de los orfanatos ricos. A veces cuando faltaba la leche maternizada se reclamaban los servicios de amas nodrizas, encargadas de amamantar a los bebes con ternura, algo que era impensable en un orfanato más elitista.

Mientras que las cualificadas enfermeras estaban pendientes de hacer su trabajo con profesionalidad prusiana, el personal de los orfanatos de beneficencia actuaban de forma mucho más desinhibida con los bebes, les achuchaban cuando lloraban, les hacían arrumacos para que sonrieran o les cantaban cuando estaban tristes. El trato era menos profesional, pero mucho más humano y afectivo.

La conclusión de estos estudios fue que es más importante para la subsistencia recibir afecto, que ser receptor de exquisitos y asépticos cuidados profesionales.

Ya hemos reconocido un principio vital de suma importancia: el AFECTO. Sentir el reconocimiento, la aceptación y la confianza del otro es más importante para la vida de un Ser Humano que su bienestar material.

Todos hemos escuchado la frase “se murió de pena”, en relación a alguien que perdió a un ser querido. Si consideraba que la frase era una leyenda urbana, los datos confirman la veracidad de la sabiduría popular.

A finales de la década de los 60, el auge investigador de las universidades estadounidenses llevó a los investigadores a desarrollar los más curiosos experimentos. En una de esas investigaciones se realizó un estudio sobre la comunidad judía de la ciudad de Nueva York. Los datos estadísticos mostraron que el porcentaje de fallecimientos de la población judía, desde una semana antes de la celebración del día del Yom Kippur, el día de la patria judía, descendía a prácticamente 0, no había fallecimientos. Una vez terminada la celebración que reunía a familiares y amigos, la mortalidad ascendía hasta un 200% con respecto a la media de fallecimientos habitual. Esto quiere decir que los moribundos se mantenían vivos hasta que consideraban que habían cumplido con su último propósito.

Este descubrimiento es fácilmente constatable por la experiencia de los geriatras de las residencias de ancianos, que albergan a personas de avanzada edad de todas las culturas y etnias. Si usted tiene una edad en la que asiste a más entierros que a bodas o bautizos, habrá comprobado cómo se repite este principio vital. Los moribundos suelen esperar a despedirse de sus seres queridos antes de ser abrazados por la dama de la oscuridad. Por tanto el PROPOSITO de un Ser Humano en este mundo, es otro de los principios que influyen decisivamente en permanecer vivo.

Vamos a ver un último principio vital que ha demostrado ser más necesario, de importancia superior a los dos anteriores. A esta conclusión se llega por eliminación lógica. Hemos demostrado que el dar y recibir afecto es necesario para la vida, también que el propósito vital de la persona determina que siga existiendo. Además de lo anterior, en las últimas décadas la ciencia ha descubierto un principio vital mucho más prioritario para conservar la vida de lo que se creía.

El desarrollo tecnológico ha permitido registrar la actividad cerebral cuando soñamos. Curiosamente durante el sueño la actividad cerebral tiene una intensidad parecida a un estado de plena vigilia. Se ha definido esta fase del sueño como REM (Rapid Eye Movement), reconocida por movimientos oculares rápidos.

¿Qué es el sueño? Para un médico el sueño es una función necesaria para que el cuerpo descanse. Para un psiquiatra es un proceso natural de limpieza de las conexiones cerebrales. Para un psicoanalista es el desarrollo de una fantasía mediante la que el inconsciente representa los conflictos, aspiraciones y deseos de una persona. Para el físico Jean Pierre Garnier Malet es una fase de intercambio de información entre las partes de un individuo desdobladas en el tiempo. Para un poeta visionario soñar es la materia prima con la que construimos la realidad.

Los experimentos con voluntarios demostraron que en poco más de dos semanas si a una persona se la despertaba cada vez que comenzaba una fase REM, había que suspender el experimento porque se corría el grave riesgo de que el sujeto falleciera. A estos experimentos siguieron torturas atroces en cárceles de gobiernos dictatoriales, a los presos se les impedía soñar como parte de esas torturas, se comprobó que a las pocas semanas morían o sufrían previamente episodios de locura. Estos hechos nos demuestran que SOÑAR es más necesario para la vida de lo que imaginábamos. La pregunta que algunos hacen es: ¿Y qué ocurre con las personas que padecen insomnio? ¿Se pueden morir?. En vista de los resultados de los experimentos podríamos afirmar que los insomnes sueñan aunque no recuerdan que lo hacen.

Con estos tres principios vitales: El Afecto, el Propósito y la necesidad de Soñar podríamos pensar que estamos definiendo la esencia vital del Ser Humano.

Esta combinación de principios vitales posiblemente arroje alguna luz sobre hechos que han permanecido ocultos. Los médicos certifican la muerte de una persona como parada cardiorespiratoria. Eso quiere decir que a quien no le late el corazón, ni respira, está muerto. Se ha estudiado que la falta de oxigeno en el cerebro mata las neuronas a los pocos minutos. ¿O no es así?.

También como consecuencia de las dos guerras mundiales hubo muchos muertos, lo que obligó a vaciar en los cementerios las tumbas para dejar sitio a los nuevos fallecidos. Al exhumar los cadáveres se comprobó que una tercera parte se habían movido dentro del ataúd. Es decir de todas las personas fallecidas al menos el 30% habían resucitado.

Si indagamos en las religiones antiguas se aconseja velar al fallecido durante al menos tres días. En el judaísmo el precepto son 7 días. Esta práctica contraviene lo políticamente correcto de nuestra sociedad industrializada, pero en vista de los resultados, al menos yo dispondré que no se me entierre antes de tres días después de mi último suspiro. No vaya a ser que me arrepienta de morir, regrese y me lleve un susto de muerte al encontrarme encerrado en mi ataúd.

Bromas aparte, hacia donde apuntan estos hechos es hacia la misión de un Ser Humano en la vida. Los “resucitados” nos recuerdan que es más importante para la vida el por qué vivimos, que el cómo vivimos. Si la necesidad de querer y ser querido, el reconocimiento de nuestro propósito vital o la capacidad de soñar son esenciales para la vida, es evidente que cualquier enfoque de nuestros problemas debe tener en cuenta estos principios vitales. La conclusión lógica es que los seres humanos tenemos más probabilidades de sobrevivir respetando los principios vitales individuales, que delegando en otros la solución de nuestros problemas.

Sin embargo la sociedad, el llamado mundo civilizado y los gobiernos, cada vez más invaden la capacidad del individuo para ejercer su libre albedrío, la elección de un destino personal, único y diferente a las soluciones en masa a las que nos someten desde que nacemos. Cada vez nacen menos niños de forma natural, son extraídos del vientre de su madre para evitar riesgos. Para acabar muriendo sometidos a tortuosos tratamientos médicos que presuntamente pretenden preservar nuestra vida.

Aunque la elección de médico es un derecho reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el sistema administrativo boicotea la elección de tratamientos “alternativos”, encaminándonos a aquellos que están sometidos a los intereses de multinacionales farmacéuticas. En la escuela se excluyen conocimientos de utilidad para los individuos, para sustituirlos por un sistema educativo que premia la homogeneización de las conductas y soluciones estandarizadas a problemas corrientes. En las Universidades se enseña a ser un buen asalariado. Cuando un buen estudiante consigue un trabajo en una empresa el Estado le retira hasta un 60% de sus ingresos antes de que se dé cuenta, con la excusa de que este modelo social es el mejor de todos los posibles, el joven recibe el siguiente mensaje: “Debes sacrificarte por el estado, a cambio el estado te proveerá de todo lo que necesites”. Una vez educado en el consumo como forma de dar cohesión a la sociedad y camino aceptado como destino de la felicidad, un joven tendrá que asumir deudas durante casi el 80% de du vida laboral con un banco hasta terminar de pagar su vivienda. Las deudas públicas y privadas no se incluyen en el IPC, con lo cual se elimina de su campo de visión el impacto en su poder adquisitivo, lo que en este sistema de felicidad material es a lo que se ha reducido el ejercicio de la libertad.

No continuaré con este discurso de lo que es considerado políticamente correcto, porque no comulgo con ruedas de molino. Sólo hago la observación de que para salir de la actual situación anunciada como crisis, no podemos esperar a que el Estado, las entidades financieras o las empresas nos saquen de aquí. La verdadera capacidad de generar riqueza reside en el Ser Humano, en la elección libre de un destino con todo el equipaje económico que eso conlleva. Si una persona emprende un proyecto o destino personal, moviliza recursos económicos, genera riqueza para sí y para los otros. Si nuestro sistema social y administrativo no respeta estos principios vitales del Ser Humano, difícilmente encontraremos una solución. Las soluciones que vienen de afuera, de la regularización extrema, hasta ahora no nos han protegido de lo que presuntamente nos pretendían proteger como compensación a la renuncia individual de un destino personal.

Los gobiernos manejan hoy una cantidad enormemente desproporcionada de recursos económicos en detrimento de la libertad del individuo. Desastres como Chernobyl en Ucrania, Bhopal en la India, el 11S en Nueva York, el 11M en Madrid sólo han servido para demostrar que la fe ciega en que otros decidan no es garantía de supervivencia ni del individuo, ni de la especie. Estos desastres nos demuestran que fueron personas corrientes, expuestas a situaciones excepcionales, las que evitaron que los desastres adquirieran proporciones catastróficas. Los desastres los causaron quienes abandonaron su responsabilidad personal con la comunidad, el remedio lo aportaron quienes valoraron la entrega personal y asumieron el sacrificio por la comunidad. En Chernobyl un ejército de voluntarios protegidos con un simple mono y mascarilla de pintor construyeron el cofre del reactor nuclear. En Bhopal la población local evito que las muertes se multiplicaran atendiendo rápidamente a los heridos. Lo mismo ocurrió en el 11S y en el 11M, la población respondió antes que las autoridades.

Cuando recuperamos nuestro destino personal, recuperamos los principios vitales tan fáciles de olvidar por nuestra cultura imperante. Si somos capaces de respetar estos principios vitales, los individuos se fortalecerán ante las adversidades. Es el camino contrario al que nos animan a seguir desde el Poder: la solución a nuestros problemas proviene de fuera de nosotros. Los hechos tozudamente nos demuestran que al final somos los individuos los que encontramos las soluciones a nuestros problemas, a nuestros desafíos como Seres Humanos.

Tal vez se pregunte después de este discurso de lo políticamente incorrecto, ¿esto que tiene que ver con los principios vitales o con el rumbo vital?. A lo largo de mis años de experiencia como psicoterapeuta, en muchas ocasiones no he encontrado en las técnicas, en los manuales, en los conocimientos, ni en las estrategias terapéuticas que aprendí, al Ser Humano que atendía. Todo ese conocimiento teórico era ajeno al problema de la persona que tenía delante. Después de muchas preguntas descubrí algo muy elemental: si una persona tiene un problema, eso quiere decir que la solución se encuentra también dentro de esa persona, su entorno le presta lo necesario para la solución. No está afuera, ni en los manuales, sólo hace falta descubrir sus capacidades, sus recursos y cuál es el mensaje que expresa con sus síntomas. Si ayudo a descodificar toda esa información la persona sabrá encontrar la solución a su problema. Tal vez me condenen a la hoguera como a Galileo por reconocer esta simple verdad, pero como diría el astrónomo: “Y sin embargo el Ser Humano se mueve”, no es estático, no es una tabula rasa sobre la que hay que instruir e implantar dogmas o directrices. El Ser Humano ya sabe para que esta aquí, sólo necesita que se le ayude a encontrar su camino personal.

Para encontrar el Rumbo Vital es más efectivo descubrir los recursos de la persona, las situaciones en las que ha empleado con éxito su verdadero potencial, para aplicar esos mismos recursos a un problema o desafío nuevo. Los principios vitales antes aludidos se manifiestan de forma única y diferente en cada persona. El descubrimiento de lo que una persona sabe hacer, la eficacia con la que usa sus habilidades ante nuevos desafíos o problemas, puede determinar el éxito alcanzado en su trabajo, los negocios o su vida personal, la consecuencia natural es una mejoría de su salud. La solución de un problema es el inicio de un nuevo rumbo vital.